[Primer capítulo: Aterrizando
Capítulo anterior: Día 2. Durbovnik + Mostar]
(si no ves el video, está aquí: http://www.vimeo.com/5581107]
Se nos pegan un poco las sábanas tras el primer apagado de despertador, pero madrugamos y estamos camino del puerto de Dubrovnik antes de las 6.30 h. El objetivo: coger el ferry de las ocho a la isla de Mjlet para disfrutar de su Parque Nacional.
La ciudad cambia completamente a esta hora del día. La calle Stradun está semidesierta.
Mientras esperamos que habrán la ventanilla de venta de pasajes, Merce nos trae unos riquísimos bollos y zumo de naranja para desyunar. El precio: 26 kn para los tres. Nada que ver con el pastizal de la mañana anterior.
Nuestra intención es pasar una noche en la isla. Vamos un poco a la aventura porque el día anterior preguntamos en una agencia y nos decían que no había nada barato para alquilar.
Embarcamos. Abordo me entretengo un rato haciendo alguna foto y grabando algo de video con la pequeña compacta. Intuyo que mis compañeros de viaje echaran un sueñecito matinal.
El trayecto dura hora y media. El catamarán de esta hora hace una única parada en Sobra, al sur de la isla de Mjlet. Al llegar a Polaçe un gran número de barcos, veleros y yates están fondados en la bahía frente al pueblo, preparánose para levar anclas o desayunando a bordo antes de hacer lo propio.
Nada más pisar tierra firme, una mujer nos ofrece enseñarnos unas habitaciones. Está a medio minuto del puerto. En realidad, casi todo en este pueblo está a medio minuto del puerto. Es pequeño. Tiene menos de 200 habitantes, pero es el tercero más poblado de la isla.
Para localizar esta casa con “sobes” para arrendar, al desembarcar hay que dirigirse a la izquierda con el mar en nuestra espalda. Es la primera casa pasados los “puestos” de alquiler de bicis. La habitación está bastante bien. Es barata. 270 kn la noche. Tiene baño propio y el espacio justo para los tres.
No hay tiempo que perder. Dejamos las cosas en la habitación, compramos bebidas y pan para la comida y alquilamos unas bicis (120 kn el día completo ; 4 horas salen por 70 kn).
Más allá de este pueblecito de Polaçe, pasadas las ruinas de un castillo, toda esta parte norte de la isla forma parte del Parque Nacional (90 kn. entrada para 2 días).
Echamos la mañana pedaleando entre bellos parajes, con tranquilidad. Para llegar a la zona de los lagos hay que ascender una pequeña montaña nada más salir del pueblo. Las vistas desde arriba son bonitas. Pronto nos encontramos con Govedari, colgado entre árboles.
Tras el descenso nos encontramos con los dos lagos. Ya hay gente bañándose. Nosotros decidimos bordear el grande, Veliko Jezero, hasta el extremo más lejano, ya en mar abierto. Nos bañamos en las cristalinas aguas turquesa. Están bastante frías, así que no dura mucho nuestro snorkel.
En toda la isla se respira paz, incluso allí donde las chicharras se hacen notar. No resulta extraño que Ulises, prendado de Calipso, se quedará unos años en la isla. Leyenda o historia. Razones no le faltaban.
Nada mejor que estar en un sitio remoto, sin bares y con apenas cuatro personas a la vista, para hacerse unos buenos bocatas de embutidos ibéricos.
Después del rélax poscomida, echamos mano a las bicis con el afán de llegar a Pomena. Hay que regresar al punto donde el canal une ambos lagos. Al llegar a Malo Jezero, hay una breve parada técnica y a partir de aquí, hay que ingeniárselas para encontrar el atajo hasta Pomena. Después de dar alguna vuelta y cargar con la bici a cuestas damos con el.
En Pomena está el hotel Odisej, creo que el único de la isla. Quizás por eso hay alguna actividad turístico comercial aquí. Mis compis de viaje quieren preguntar en un par de sitios de buceo pero resulta que no hay nada programado ni para hoy ni para mañana. Tampoco encontramos una conexión en ferry para ir el día siguiente a la isla de Kórcula sin volver a Dubrovnik.
Un refrigerio para reponer fuerzas y vuelta a la bici.
En el camino de regreso a Polaçe, toca subir la parte que descendimos y bajar las pendientes que nos encontramos por la mañana. Me tomo el camino a mi ritmo, algo descolgado de los líderes del pelotón. Hago un par de paradas para tomar fotos desde lo alto.
La bonita luz del final de la tarde ilumina todo “el canal” y sus veleros frente a Polaçe.
Fin de la bici. Calmamos la sed a la vez que anochece frente al mar.
Nos turnamos para ir a la ducha y nos quedamos a cenar en el mismo sitio, de nombre Stella Maris (en la terraza de arriba). No es que haya mucho donde elegir, el pueblo es tan pequeño… La elección me supo exquisita. Mejillones, gambas, vino, flan… Aunque hay a quien sin saberlo… no le gustaba el marisco…
Mientras un tercio del equipo duerme tras juegos de sombras, otro habla por teléfono tras una breve siesta, yo me doy a la fotografía nocturna en el puerto.
Por poco tiempo. Hay que descansar. Es la 1 de la madrugada. Hemos tenido un día repleto de pedales y mañana la intención es alquilar un bote… Estos compañeros de viaje me han salido unos atletas.
(to be continued)
Estuvimos allí…





















