NYC 7: De Nueva York a Washington D.C. Un sábado en la capital del imperio

[Capítulo anterior: NYC 6: Nueva York desde el agua y concierto en midtown
Primer capítulo: Volando voy…(NYC 1: SeguridaZ a tutiplén)]

Amanece nuestro fin de semana americano. Temprano para un sábado si consideramos que la noche anterior acabó tarde.
El Chevrolet nos espera. Después de desayunar ponemos rumbo a Washington D.C. Tenemos alrededor de 375 kilómetros por delante.

Mientras Carmen y Merce ajustan cuentas con sus sueños, lo primero que me sorprende a mí son los colores del final del otoño a ambos lados de la carretera. Grandes arboledas en todos los tonos rojizos-marrones-amarillos imaginables quedan en la cuneta.

Las autopistas no resultan especialmente modernas ni llamativas. Pero en ellas sí que hay algo a destacar. El límite máximo de velocidad permitida nunca supera las 65 millas por hora (104 km/h). Estoy hablando incluso del caso de autopistas de peaje, que en algunas zonas llegan a tener cinco carriles por sentido de circulación y en su gran mayoría están limitadas a 55 millas/hora.

A estas alturas, ya hemos dejado de asombrarnos con el tamaño de los coches que circulan. Yo sigo sin entender la necesidad de semejantes “bichos”.

(video en carretera: los colores del otoño y el límite velocidad)

Lo que si que comparten aquí con nuestras “tradiciones”, es la costumbre de disminuir la velocidad por parte de los conductores al ver un accidente en el sentido contrario de la circulación, con el consiguiente atasco que se forma en ambos sentidos. Cuando esto ocurre ya estamos cerca de Washington, acabamos de dejar al lado la ciudad de Baltimore y además hemos hecho ya una parada técnica para visitar el baño y cambiar de conductor.

La entrada de Washington no resulta especialmente bonita. Hay un pequeño atasco cuyo último tramo esquiva Merce, hábilmente, proyectando un tercer carril sobre el bulevar.

Llegamos a nuestro hotel, el Best Western Capitol Skyline (10 I Street SW; ver mapa),  casi cinco horas después del inicio del viaje (ver recorrido). Está situado en una zona no muy agraciada pero a escasos 15 minutos del Capitolio. El hotel está bien. Total, pensamos pasar allí unas horas de sueño y nada más.
capitolioEn seguida, nos disponemos a recorrer la capital del imperio en busca de algún sitio en dónde comer. Hay bastante hambre.
De camino, vemos el Capitolio (foto a la derecha) y desde el toda la explanada verde que forma el National Mall (ver foto). Recorremos la avenida de Pennsylvania, dejando atrás la National Gallery of Art. Por fin, aparece un local donde hacen sándwiches con estilo norteamericano, el Potbelly (ver foto / ver mapa / ver su menú / descargar menú en pdf). Resulta un sitio bueno, barato y con una terraza en la que disfrutar del sol que luce.

Al reemprender nuestra marcha nos sorprendemos con la cantidad de indigentes que hay tirados en las plazas, con su casa a cuestas. Seguramente habrá más en Nueva York, pero allí todo está masificado y no destacan. Pasan más desapercibidos. Aquí se les ve a la legua. Washington nos parece una ciudad bastante “vacía”.
Subimos desde el Archivo Nacional hacia el Museo Nacional del Retrato. Dejamos a un lado alguna que otra fila con numerosos buzones de distribución de prensa. Echamos un rato en el museo del espía. Recorremos la pequeña “chinatown” (ver foto) para después de un paseo encontrarnos frente a la Casa Blanca (ver foto). No destacan grandes medidas de seguridad -¿será que no esta Mr. Bush?-. Un par de personas llevan a cabo su particular protesta con pancartas sobre el presidente Bush y la candidata Hillary Clinton (ver foto). En este punto dice basta la batería de mi cámara digital. Mi última foto con ésta es el siguiente retrato de los tres frente a la residencia presidencial.

los tres frente a la casa blanca

Damos la vuelta completa a la manzana del complejo antes de dirigirnos a la zona donde se encuentran todos los memoriales habidos y por haber. Mientras caminamos voy aprendiendo a usar la cámara que Merce me presta. Se ha hecho de noche. En el primer memorial, el de la II Guerra Mundial (fotos inferiores tomadas el día siguiente), nos perdemos. No se ve nada a dos metros porque el alumbrado publico esta apagado y al levantar la vista tras tomar una foto, Merce y Carmen se han esfumado.

ii guerra mundial memorialmemorial ii guerra mundial

Este memorial es una especie de plaza con una fuente en el centro. A ambos lados, dos semicírculos con sendos arcos en sus extremos y una serie de columnas con coronas de bronce dedicadas a los estados norteamericanos y otros miembros de la commonwealth en la época de la guerra.
Por suerte y después de unos minutos de búsqueda, nos reencontramos y empieza nuestra particular “peregrinación” por memoriales dedicados a guerras y antiguos presidentes estadounidenses. Una imitación de “templo griego” dedicado a Lincoln (foto abajo derecha). Estatuas e inscripciones en mármol para los caídos y veteranos de Vietnam. Nos acercamos a la base del gran obelisco dedicado a Washington (foto abajo izquierda). Después de bordear el río Potomac, otro “templete de corte neoclásico”, esta vez circular, está dedicado a Jefferson.  Fuentes con pequeñas cascadas, jardines y estatuas con su perro incluido para Roosvelt.

monumento a washingtonlincoln memorial

En nuestro camino entre memoriales, por zonas completamente desiertas nos cruzamos con un pequeño zorro que corre a esconderse.

Toca la odisea de encontrar un lugar caliente en el que cenar. Estamos lejos de todo en una ciudad que está pensada para ser lo que es: la capital del país, centro diplomático y de oficinas. Probamos suerte en un italiano con cierto aire snob. La comida está rica y no resulta muy caro. Aunque no es un sitio acogedor.

A la salida cogemos un taxi. La tarifa se calcula en base a un cuadrante que divide la ciudad en zonas. Se paga en función del número de zonas que hay que atravesar hasta el destino en combinación con un plus si la distancia recorrida supera un límite, pero no hay taxímetro. Ya en el hotel, antes de meterme en la cama, intento sin éxito encontrar en internet (a precio de oro) información para reservar entradas para subir al mirador que hay en lo alto del obelisco dedicado a Washington. Este monumento era en principio el extremo oeste del National Mall, aunque hoy se considera que esta zona al aire libre une el Capitolio y el Lincoln Memorial, quedando el monumento a Washington en el centro. Desde él, las vistas deben ser muy buenas.

Mañana será un día de museos.

[Próximo capítulo: Hopper, guacamole y memoriales fotonocturnos (Washington D.C. 2ª parte)]
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