Viaje a Siria y Jordania. Día 3. Palmira (segunda jornada)

[Capítulo anterior: Día 2. Palmira]

5:30 horas de la mañana. El día anterior acabó bastante tarde pero quiero ver amanecer sobre las ruinas de la que un día fuera capital del reino nabateo, Palmira (o “Todmor”). Me pongo en marcha. Están casi tan vacías como por la noche. Me cruzo con mi compañero de andanzas nocturnas japonés acompañado por una compatriota.
El madrugón me permite captar la tonalidad del cielo y las filas de columnas antes de despuntar el sol. Las nubes del este impiden ver la salida del sol por el horizonte pero el espectáculo tras las ruinas sigue siendo bonito.

 

En unos minutos ha cambiado el color de la piedra. Aprovecho el contraste de tonos y la buena luz para recorrer las ruinas llenando la tarjeta de memoria. A pesar de la escasez de turistas, hay uno a lomos de un camello cuyo dueño aprovecha “la carrera” para acercar a su hijo, postales a la venta en manos, a las ruinas. (Fotos en pase diapositivas. Si no se reproduce, pincha en la “x” de la esquina superior derecha).

Después de una hora y media decido volver al hotel y todavía me da tiempo a descansar un rato.
Para desayunar nos ponen lo mismo que en Damasco la mañana anterior (pan, mantequilla, mermelada, huevo duro, aceitunas).

Son las 10:30 horas. Compramos en el museo de Palmira las entradas para la visita a las 11.30 de las tumbas (75 SYP por persona) que hay abiertas al público.
Nos proponemos atravesar todas las ruinas y recorrer el valle de las tumbas hasta la mejor conservada, la torre de Elahbel. Está a 45 minutos a pie. A la vista de la cantidad de torres en ruinas que hay en el camino, el valle debió presentar una aspecto fascinante en su época. (Una buena muestra son las torres de Yemilko de las que hay una foto abajo al atardecer).

Cuando llegamos a Elahbel no hay más que un par de camellos y unos vendedores esperando la hora de apertura y la consiguiente llegada de turistas. Esta torre funeraria fue construida allá por el año 103, tiene 4 alturas y podía albergar 300 sarcófagos. Aún quedan restos del mármol que recubría los interiores de la torre.

 

Al salir de allí, el mismo taxista que a nuestra llegada nos cogió en la estación de autobuses, se para en la carretera y nos acerca al hipogeo de los Tres hermanos. Se detiene sin pedírselo pero le damos una propinilla.
Esta tumba no es una torre vertical, se trata de una cámara subterránea. No permiten hacer fotos en su interior. Las paredes están recubiertas de mármol y algunos frescos.

Visto el hipogeo emprendemos nuestro camino de vuelta hasta que nos recoge en su coche un turista sirio que va acompañado por un sacerdote suizo amigo suyo. Nos dejan a las puertas del Templo de Bel (150 SYP/persona). Está en el interior de un recinto amurallado pues fue reconvertido en fortaleza. Es la estructura mejor conservada de las ruinas.

 

Entramos en el teatro romano (75 SYP/persona).

 

Hace bastante calor en las ruinas en estas horas centrales del día así que optamos por ir a comer y ver lo que nos falta al atardecer. De camino al restaurante Casa Mia nos cruzamos con la encantadora niña que se planto delante de mí para que la fotografiara (la colgué aquí). Esta vez comemos en el agradable patio. Intercambiamos unas palabras con un italiano que anda recorriendo en bici el trayecto entre El Cairo y su casa en Italia. Va con una tienda de campaña a cuestas. Nos cuenta que lleva un par de días en Palmira recuperándose de una lesión.

Ya por la tarde hay tiempo para sacar más fotos de niños porque nos salimos de la calle principal. Hay bastantes y están algo alocados.

 

De vuelta una vez más a las ruinas para encontrarnos con las bonitas tonalidades de la piedra. Pasamos por un templo funerario, por el Campamento de Diocleciano y su templo, y el Templo de los Signa. Si el día anterior vimos la puesta de sol desde el castillo, hoy lo hacemos desde este templo.

Todo va adquiriendo un color diferente…

 

Las torres de Yemilko, en el valle de las tumbas.

Nosotros y el tetrapilón nos silueteamos.

 

Son las 20:20 h. La gran columnata se ilumina parcialmente mientras aparecen las estrellas.

 

[Próximo capítulo: Día 4. Hama]

(Nota: Todas las fotos, incluidas las del pase, están a mayor tamaño en mi flickr. Pincha sobre cualquiera para ampliar)

4 Responses to Viaje a Siria y Jordania. Día 3. Palmira (segunda jornada)

  1. maria luisa dice:

    Estaba pensando ir a Siria-Jordania pero tenia mis dudas.
    Con este reportaje, estupendo, ire el próximo més (d.m)
    Me han gustado mucho las fotos y comentarios. Gracias
    yomisma

  2. rub dice:

    Si tienes cualquier consulta, no dudes en dejarla por aquí, Maria Luisa.
    Te va a encantar!!!!

    salu2

  3. Alejandro dice:

    Hola Rubén: Preciosas tus fotos, con tu permiso me las llevo de salvapantallas. Salgo el 31 de Julio para Siria, y alrededor del 3 o el 4 estaré en Palmira; serías tan mable de decirme de todo lo que hay allí que es lo que a tu entender vale la pena ver; lo pregunto porque me han dicho que hay mucho de antiguo que patear, y como solo dispongo de un día allí, me gustaría aprovecharlo bien y no dejarme nada especialmente valioso sin recorrer.
    Gracias por adelantado a tu respuesta.
    Un saludo.

  4. rub dice:

    Buenas, Alejandro!!

    Creo que con ese día que vas a estar allí tienes tiempo de ver Palmira.
    Mi recomendación sería madrugar para disfrutar del amanecer sobre las ruinas. Razones sobran: la tranquilidad, la mágica luz, el color que adquieren las ruinas, la temperatura (teniendo en cuenta que es agosto)…
    Las ruinas son un espacio abierto, libre y gratuito. Puedes quedarte allí aprovechando esas horas de menos calor para recorrer a tu aire aquello. Dependiendo de tu ritmo acabarás antes o después, pero en una mañana se hace. Si el día empezó sobre las 5-6 h., podríamos andar alrededor de las 10-11 de la mañana.
    Disfrutar de las ruinas de la antigua ciudad es lo importante, pero después siempre te puedes apuntar a visitar las tumbas que menciono en el post. Por ejemplo, puedes volver al pueblo a comer algo tras las ruinas, refrigerarte y coger las entradas. Como aquello es desértico, si quieres ahorrarte la caminata de una hora, puedes haber negociado transporte y hacerlo de forma organizada.
    Después de las tumbas seguro que ya te plantas en la hora de comer. Si has madrugado de verdad, el cuerpo y la temperatura te van a pedir una siesta.
    Si te gusta encontrarte un poco con la “vida real” de la gente de allí, después del sueñecito puedes dejarte perder por las calles no turísticas de Palmira, así haces tiempo hasta el atardecer. Entonces yo me subiría al castillo. Una luz mágica vuelve a envolver la ciudad, y desde allí arriba se disfruta de esto, de las vistas, de la puesta de sol. Esta vez lo harías bastante acompañado. Por la cantidad de gente que había en mayo, supongo que lo incluyen todos los tours organizados.

    No dudes en hacer cualquier pregunta por si yo o algún lector supiera contestar.
    Sana envidia me das! Pasalo bien!

    rub

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