Viaje a Siria y Jordania. Día 4. Hama

[Capítulo anterior: Día 3. Palmira (segunda jornada)]

Hoy toca cambiar de ciudad. Después de desayunar y ajustar cuentas en nuestro hotel (800 SYP/noche=11,5 euros), vamos en busca de la estación  de autobuses de Palmira. Apenas nos cruzamos un coche y dos o tres personas por el camino, pero el coche se ofrece a llevarnos como “taxi” privado por un precio desorbitado.

La estación es un aparcamiento con un solo autobús medio lleno, y una curiosa taquilla que más parece una caseta de tiro al plato de feria. Hay un militar que nos echa una mano en las gestiones para sacar el billete a Homs (ciudad de paso camino de Hama). Más tarde me enteraré en el autobús de que inexplicablemente nos han cobrado algunas libras menos que al resto del pasaje. Sólo hay otro turista a bordo. Es el italiano con el que coincidimos el día anterior comiendo en el restaurante, el que está recorriendo el camino entre El Cairo e Italia en bicicleta. Su lesión le ha forzado a llevar la bici como equipaje mientras su pierna descansa un poco más.

Una vez en marcha, el autobús para frente al pequeño hotel Al Fares para recoger a otros dos turistas. (Cosas de las comisiones).

El viaje no se hace nada pesado. Una joven estudiante siria entabla conversación con nosotros. Es bastante reacia a dirigirse a mi.

Jugando al backgammon. Calles de Hama

Al llegar a Homs, buscamos un taxi compartido (bus service), con los últimos turistas que subieron al bus, para ir a la estación donde se cogen los colectivos a Hama. Compartir siempre es la mejor manera de abaratar trayectos, y de conocer gente. Nos presentamos. Se llaman Duncan y Françoise. Vienen de Francia, aunque él es escocés.

Los colectivos que salen rumbo a Hama, son pequeñas furgonetas que resultan muy baratas (25 SYP este trayecto). Se paga por los asientos que se ocupan. Nosotros decidimos pagar uno más para llevar las mochilas. No tienen hora de salida. Parten cuando se llenan.

Al llegar a Hama decidimos ir andando desde la estación de autobuses al Hotel Cairo, famoso entre todos los turistas de presupuesto bajo por su excelente relación calidad/precio. (Para quien llegue a Hama a una hora calurosa y con peso encima, recomendaría hacer el trayecto en taxi porque hay un buen paseo hasta el centro).

Una vez instalados en el hotel, salimos con nuestros nuevos compañeros de viaje a buscar algo de comer. Damos buena cuenta de un shawarma (kebab para entendernos) callejero. Por sólo un euro resulta rico, y con el extra callejero de su grasita de más incluida.

 

La tarde la dedicamos a pasear por la ciudad. Vamos en busca de las antiguas norias (s. V) por las que es famosa la ciudad. Frente a la mezquita de An-Nuri, hay varios chicos usando alguna de las norias como trampolín para lanzarse al agua desde diferentes alturas. Las 17 que quedan son hoy una mera atracción turística, pero en su día fueron más de 30 las norias que, a lo largo del río Orontes, eran esenciales para subir el agua y alimentar el sistema de riego de los cultivos de la región.

 

Nos encontramos Hama en fiestas. Es el festival de verano. La base de ciudadela, no es más que una colina, está llena de tiendas (es algo muy parecido a cualquier mercadillo de pueblo). Allí venden de todo. Desde neveras de última generación a falsificaciones de camisetas de los equipos de fútbol más conocidos internacionalmente (Real Madrid y Barcelona no faltan entre ellas como se aprecia en la foto derecha).

Es jueves. Víspera de festivo aquí. Duncan había estado en Siria hace casi 20 años y por aquel entonces anotó en su diario que, en caso de volver alguna vez a Hama, debía ser en viernes. La razón: la gente pasa el día en los parques fumando shisha, comiendo, cantando… y son tan agradables que te invitan a estar con ellos.

No es viernes pero como si lo fuera. El parque en lo alto de la ciudadela está repleto de grupos de gente pasando la tarde en sillas o alfombras. Gente charlando, fumando, comiendo…

En seguida se acerca gente a saludarnos y entablar conversación. Un grupo de jóvenes nos invitan a sentarnos con ellos. Nos invitan a beber naranjada, fumar shisha… Charlamos de todo un poco (nunca falta el fútbol). Hay fotos, más preguntas, experiencias… Nos despedimos.

Bajamos a la orilla del río. Junto a la noria más grande que se conserva, Al-Mohammediyya (foto inferior izquierda). Vemos el tiempo pasar. La gente. Después de un té decidimos volver al hotel. Lo hacemos sin  saber que en unos minutos empezaba el desfile central del festival. Nos enteramos al sintonizar el canal de televisión local en el hotel (foto inferior derecha: Carmen, Françoise y Duncan volviendo al hotel, frente a la Torre del Reloj).

 

Para cenar seguimos alguna sugerencia leída en internet, restaurante Al-Atlal. Nos cuesta un poco convencer al camarero de que no queremos el menú para turistas que nos ofrece. Al final nos trae la carta. Pedimos varios platos en forma de raciones o tapas para compartir. La comida es rica (descubrimos el baba ghanoush) y cenar así resulta baratísimo (250 SYP/persona=3,5 euros).

Antes de volver al hotel, volvemos a la ciudadela para dar una vuelta por las casetas y ver el ambiente nocturno. La cosa está animada pero hace fresco y estamos algo cansados. Vamos a dormir.

[Próximo capítulo: Día 5. Hama, Musyaf y Crac de los Caballeros]
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