Viaje a Siria y Jordania. Día 5. Hama, Musyaf y Crac de los Caballeros

[Capítulo anterior: Día 4. Hama]

Amanecemos con el tiempo justo para nuestro desayuno sirio, a base de lo mismo que días anteriores, antes de emprender la excursión que concertamos el día anterior con el Cairo Hotel. No es especialmente barato (450 SYP/persona), pero nos llevaría demasiado tiempo hacer lo que queremos por nuestra cuenta.

Son las 9 de la mañana. Nuestro chofer y su Mercedes están en la puerta. Los castillos de Musyaf y Crac de los Caballeros (Qala’at al-Hosn) nos esperan a nuestros amigos “franceses” y nosotros.

Pronto llegamos a Musyaf (75 SYP). Dedicamos una hora a recorrer este primer castillo. Este castillo estuvo durante bastantes años en manos de la secta de los Asesinos (o ismailies). Nos pateamos el castillo completo. Sus pasadizos, pequeñas salas, escaleras, terrazas… Cuando estamos saliendo nos cruzamos con una excursión de escolares sirios que van a iniciar su visita. A una chica debe llamarle la atención la longitud de las mangas de Carmen y se llevo una foto en su cámara. Y yo también me la traje (foto inferior derecha).

Camino del Crac de los Caballeros nuestro chofer decide que es momento de hacer una parada para comer algo. Detiene su Mercedes en mitad de la carretera, en un puesto con un pequeño horno en que hacen pizzas.

El trayecto hasta el Crac es algo más largo. Nos lleva más de una hora y media. Discurre por una carretera a lo largo de montañas. El paisaje no tiene nada que ver con el resto de Siria. El verde se deja ver. Aprovechamos la parada en una montaña con vistas al castillo, para hacernos unas fotos con nuestro chofer.

Apunta la guía que el Crac de los Caballeros (Qala’at al-Hosn, 150 SYP) es posiblemente el mejor castillo cruzado. Es imponente. Para Lawrence de Arabia “el castillo más bello del mundo”.

Recorrerlo supone más de dos horas entre amplias galerías, pasillos, pasadizos, escaleras que se pierden entre la maleza… Es fácil imaginarse escenas de otra época.

A la salida, frente a la entrada al castillo, hay un restaurante con una agradable terraza en la que comemos algo para matar el hambre.

El camino de vuelta se hace más rápido porque es por autopista. Después de todo el día andando y con el calorcito de a bordo, nos echamos una siestecilla. Al entrar a Hama, nuestro piloto intenta sin éxito repostar. No sabemos cual es el problema pero no hay manera de que consiga gasolina. Luego nos enteraremos de que el día siguiente, el gobierno triplicaba los precios del carburante.

Echamos un vistazo a la Lonely Planet en busca de algo que nos quede por ver en Hama para lo que resta de tarde. Ir en busca de las Cuatro Norias de Bechriyyat (foto superior izquierda), que la guía menciona como las más imponentes, nos parece la mejor opción. Están a sólo diez minutos a pie de nuestro hotel. Lo complicado es encontrar un sitio desde el que poder contemplarlas. Están dispuestas en pares sobre una presa que cruza el río Orontes.

Acabamos cruzando un puente, saltando un cercado y seguimos el río hasta encontrarnos frente a ellas. Allí hay un sirio pastoreando y un grupo de chavales jugando y bañándose. Las fotos no se hacen esperar. Les encanta ver el resultado…

Unos minutos después, confirmamos que en Siria nunca sabes donde vas a encontrar a alguien que te invite a su “casa”. Retomamos el curso del río junto a una zona flanqueada por fincas. Desde una de ellas nos dan una voz para que nos acerquemos. En un abrir y cerrar de ojos estamos sentados junto a un hortelano sirio que se dedica a comerciar y exportar algunas frutas. En ese mismo abrir y cerrar de ojos, tenemos sobre la improvisada mesa unas ciruelas, té, café, zumo de “granada”… El dueño y sus hijos viven en una humilde casa en la finca. Casi no hablan inglés. Nos comunicamos con dificultad pero siempre hay formas… Un rato después llega un amigo de la familia que sí que “habla” inglés y hace de intérprete.

Cae la noche. Nos dejamos llevar por la insistente recomendación de nuestros hoteleros que tienen un restaurante en otro de sus establecimientos. El sitio en cuestión se llama Orient House. Está algo alejado pero nos pagan el trayecto de ida en taxi. Está en el patio del hotel. Mucha gente “bien” llena sus mesas. Cenamos a base de raciones a compartir (250 SYP/persona). Resulta un modo fantástico de comer. Pedimos nuestro favorito, baba ghanoush, y probamos otros platos nuevos. La comida, el servicio, el ambiente… todo resulta bueno de verdad. Una sisha pone fin a la agradable velada. Ha merecido la pena venir hasta aquí aunque ahora nos espere casi media horita andando hasta el Cairo Hotel.

Mañana será otro día de excursiones con cambio de ciudad. Pondremos rumbo a Alepo.

[Próximo capítulo: Día 6. Apamea, Ciudades Muertas y Alepo]

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