Cuentos chinos (1): Comidas en el país de los contrastes

Han pasado cinco días desde nuestra vuelta del viaje chino. Las vacaciones siempre se quedan cortas pero, con sólo echar un vistazo a un mapa, seguro que entenderéis que diga que en China la cuestión temporal se nota más aún. El país es tan grande que harían falta muchos meses para recorrerlo o para visitar y conocer todo lo que tiene para mostrar. Durante nuestra pequeña experiencia ha habido tiempo para risas, para emociones, para sorprendernos, para aventuras, para conversaciones sin entendimiento pero con comunicación, para paisajes infinitos, para hacer algún amigo chino, para momentos mágicos…

Hoy voy a optar por contaros algo de la comida.
Ya habéis podido comprobar en el post anterior que no hemos echado de menos el ibérico bueno (un día de excursión le dimos al chorizo, el de la gran muralla al jamón y una noche de viaje en tren al lomo que llevábamos). Pero como quiera que la dieta china no se basa en estos manjares, vamos con algunas notas viajeras.
Eché algo de menos la comida española en un país como Canadá pero en China no he tenido esta sensación. La comida china que he probado está bien y hay variedad. Tienen platos propios ricos, otros no lo son. La única pega importante que tiene, sin tener en cuenta mi absoluto desconocimiento del idioma como para entender un menú, es el exceso de picante y especias. Y cuando digo exceso es EXCESO. Algún que otro plato se ha quedado en la mesa porque era incomible de lo picante que estaba.  Valga como ejemplo uno de los dos platos que pedimos en nuestra primera visita a un restaurante local, en Beijing. (Hay foto. Está algo más abajo)
Os pongo en situación. Aterrizamos. Cambiamos moneda. Buscamos a alguien que llame al hotel y nos anote en chino la dirección o alguna indicación para ser ayudados a encontrarlo, ya que se encuentra en un hutong. Pillamos el tren para bajar a la ciudad. Dar con el hotelillo mientras anochecía fue más costoso y frío de lo esperado. Aparcamos las mochilas en la habitación y salimos en busca de un sitio para cenar. El segundo con una pinta aceptable fue el elegido.  (El primero estaba abarrotado). La carta estaba en chino pero tenía fotos. (Bueno, tampoco es que éstas ayudaran mucho. Jeje. Muchas cosas resultaban irreconocibles). Me atrevería a afirmar que sobra que os cuente que éramos el centro de atención de todo el servicio o que nuestra camarera hablaba tanto inglés como nosotros mandarín. Todo lo que alcanzó a decirnos es que su plato recomendado era “beef” (ternera). Lo recomendaba diciendo que era delicioso.  Aceptamos su sugerencia. El plato en cuestión es este…

Si a simple vista se observa un exceso de especias, la mezcla de éstas con el picante que tenía resultaba abrumadora. Por no hablar de que la textura del estómago de ternera no nos resultó especialmente apetecible. Confirmamos lo que era al pagar la cuenta, señalando nuestro estómago a la camarera que asintió con una “sonrisa”.

Así empezó todo. Luego hubo tiempo para el pato, los dumplings, algo de marisco, pescado de río, los fideos chinos, el omnipresente arroz… Alguna que otra cosa poco común ha caído en nuestra boca. Me voy de esa primera noche a la última del viaje. Si en Japón probé la carne cruda de caballo ese señalado último día, en esta ocasión le tocó el turno al escorpión.

Nada más entrar en la zona de puestos callejeros de Wangfujing, una joven pareja china que acababa de comprar un pinchito nos ofreció y aceptamos. No está malo. No puede estarlo. Lo que está es crujiente porque está achicharradito, así que apenas sabe a nada. Te lo comes entero (nada de pelarlo como una gamba). Creedme si os digo que no arriesgamos. Para los valientes de verdad quedaron en los puestos callejeros estrellas y caballitos de mar, cucarachas, serpientes, gusanos y otras especies tan raras como difíciles de identificar.

¿A alguien le apetece un bocado?

(ahí queda ese vistazo más cercano)

10 Responses to Cuentos chinos (1): Comidas en el país de los contrastes

  1. dani dice:

    Se me hace la boca agua… 😛

  2. Rober dice:

    Apasionante, no?
    La cosa tiene una pinta, ummmm, deliciosa.

    Estoy deseando escuchar ya tan suculenta experiencia.
    Un abrazo fuerte.

  3. rub dice:

    dani, rober: ¿Con cual de las dos delicatessen se os hace la boca agua a ambos?
    (es para tenerlo en cuenta y traer alimentos de recuerdo la próxima vez, 🙂 )

    Nos vemos prontito y os cuento.
    Abrazos.

  4. Sr. Peludo dice:

    Mira que no probar las deliciosas cucarachas con salsa agridulce… pringaíllos…

  5. rub dice:

    Tendremos que vivir con ese peso. 🙂

    Es que las cucarachas no eran tan apetecibles porque estaban muertas y ¿cómo saber cuanto tiempo llevaban ahí?
    Los escorpiones, sin embargo, estaban vivos. Sí, sí. Esos de la foto están vivos en ese momento, coleando y pateando. Clavados en un pinchito… sí… pero vivos. Es el paso por la parrilla el que los deja listos para servir de alimento.

  6. Sr. Peludo dice:

    Hombre, entonces sí, que las cucarachas, si no están frescacs, no es lo mismo.

  7. rub dice:

    Estaba seguro de que lo ibas a entender…

  8. dani dice:

    Por mi parte esta claro… la ternera la tengo muy vista . Unos buenos escorpiones vivitos y coleando pasados por la sarten tienen que estar crujientes, crujientes (sabrosos lo dudo 😉 )

    Un abrazo desde Khartoum!!!

  9. rub dice:

    Bueno, el sabroso ya lo ponen con unas pinceladas (literalmente) de cualquier mezcla de salsa y/o especias.

    salu2 para áfrica

  10. ft dice:

    que asco me da pfffffffff

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