Viaje a Siria y Jordania. Día 8. San Simeón. Bye, bye Alepo. Próxima estación: Jordania

[Capítulo anterior: Día 7. La encantadora Alepo]
(si no ves el video, está aquí: http://www.vimeo.com/14357394)

Hoy será nuestro último día en la ciudad que nos ha cautivado, Alepo.
Hemos quedado con Duncan y Françoise para tomar algo de desayuno y hacer una excursión al castillo/basílica de San Simeón (Qala’at Samaan).
Compramos unos zumos naturales callejeros (50 SYP), unos bollos (40 SYP) y nos metemos en un bareto donde pedir un té (25 SYP) y desayunarlo. Es grande, esta medio vacío. Hay unos pocos sirios, sólo hombres, y otro par de forasteros como nosotros.

Con el estómago preparado para el nuevo día, vamos a la estación de autobús que está detrás del Amir Palace Hotel. Al llegar y preguntar por el servicio que va hacia nuestro destino, se ofrecen a llevarnos por el módico precio de 400 SYP, argumentando que no hay transporte a la zona. Jeje. Lo cierto es que no insisten. Directamente les decimos que pensábamos coger una de las furgonetillas que sabíamos salían al otro lado de la estación y no oponen resistencia. Es más, nos acompañan con sus sonrisas hasta la puerta de la furgo que teníamos que coger.
Para llegar a San Simeón hay que ir en la que lleva a Daret Azze (Dar Ta’izzah) y una vez allí, pedir que te dejen bajar en la carretera que sale hacia San Simeón. El precio hasta aquí por pareja: 20 SYP. Jeje.
Desde este punto, la basílica está a más de 5 kilómetros, en un alto. Emprendemos la marcha hasta que se cruce algún medio de transporte. No tarda en aparecer. Está vez pagaremos 25 SYP cada pareja por el trayecto.

El recinto que contiene lo que fueron la basílica y resto de edificios dedicados a  San Simeón está en una atalaya con inmejorable control visual de toda la zona (situar en google maps). Tanto la fortaleza como la basílica están algo ruinosas. No queda ningún techo. Seguramente hayan servido a otras construcciones posteriores.

La razón de que se construyera la basílica fue Simeón el estilita, santo asceta cristiano que pasó aquí casi 40 años sobre una columna (style en griego). Empezó sobre una de 3 metros, pero acabo viviendo en una a 17 metros de altura. Era su forma de alejarse de la tentación y las molestias mundanas, para vivir en continua penitencia y oración. Pero acabó atrayendo a multitudes.

Esto es “lo que queda” de esos diecisiete metros…

No es que el conjunto sea feo, feo, pero no tiene ni la belleza ni la magia de ruinas como Palmira o Apamea. En mi opinión es una visita prescindible. Mejor pasar un rato más deambulando por los zocos de Alepo.

Para salir de allí tampoco hay línea regular de furgonetilla. Los privados que hay en el parking nos piden 100 SYP por bajarnos a Daret Azze, así que otra vez emprendemos la marcha a patita. Eso sí, ahora ¡es cuesta abajo! 🙂

Después de 20 minutos de camino, llega la misma furgoneta con la que habíamos negociado arriba. Hay dos o tres turistas a bordo. Nosotros habíamos ofrecido pagar lo mismo que a la ida, 25 por pareja, y el tipo de la furgoneta se ha detenido, señal de que finalmente acepta nuestro precio (después de un rato de caminata, claro, jeje).
Una vez en “la parada de buses” de Daret Azze nos toca esperar un rato hasta que se llene la minivan que va a Alepo.

De camino a comprar nuestros billetes de avión reservados por Derniche la tarde anterior, nos dejamos atraer por algunos de los tenderos del mercado junto a la estación de Alepo. Tomamos alguna simpática foto con sonrisas sirias y vendedores de flores.

Nos separamos de Duncan y Françoise.
Ya en la oficina de royal jordanian, nos vuelven a poner las mismas pegas que el día anterior por el tema de que sólo estamos comprando un sólo trayecto, pero conseguimos que la chica nos venda los pasajes (115 euros los dos). Nos cuenta que probablemente nos hagan comprar el trayecto de vuelta en el aeropuerto.
Un kebab para comer (35 SYP la unidad).

En vista de que aterrizaremos en Jordania cerca de medianoche y que nuestra intención es ir directamente a Madaba, la ciudad de los mosaicos, llamamos desde una especie de locutorio a uno de los hoteles más recomendados, Mariam Hotel, para reservar el alojamiento y el transporte para que nos estén esperando en el aeropuerto.

Esta tarde nos dejamos atrapar por los zocos de Alepo…

…con sus comerciantes…
…con sus mezquitas…

…baños míticos que dejan ver la vida en su interior…

Compramos unos pañuelos para regalo y una túnica que me servirá de disfraz. Visitamos un par de los antiguos “caravasares”  en medio de los zocos. En uno de ellos incluso hay invitación a té por parte de algún local, antiguo comerciante. También allí, puede que fuera en el caravasar An-Nahassen, charlamos un rato con un estadounidense que está pasando en Siria el número máximo de días que su gobierno permite hacerlo a sus ciudadanos. Su pareja, también de USA, está allí por trabajo enseñando inglés. Este chico nos cuenta lo absurdo que resultan todos los trámites y advertencias que tiene que pasar para conseguir su permiso para estar apenas tres semanas en territorio sirio. Su gobierno no entiende qué se le ha perdido en tan peligroso lugar. Él nos confiesa que es uno de los sitios más tranquilos donde haya estado nunca. Compartimos su opinión. Es menos peligroso que cualquier ciudad estadounidense en la que yo haya estado.

Cae la noche. Volvemos al hotel a por el equipaje. Ha llegado la hora de despedirnos de Duncan y Françoise después de varios días de viaje compartido.
Nos echamos a la calle a la caza de un taxi después de comprar algo de pan para los bocadillos viajeros. El segundo taxista que paramos acepta como bueno nuestro presupuesto por llevarnos al pequeño aeropuerto (300 SYP).
Esta casi vacío. No podemos entender cómo nos ha costado tanto hacernos con los billetes de avión. Facturamos, pagamos la tasa de salida del país (200 SYP cada uno) y vamos a la puerta de embarque. No hay mención alguna al tema de la necesidad de comprar billete de regreso por parte del personal de royal jordanian.

¿He dicho ya que el aeropuerto es enano? ¿Mencioné que no comprendo tantas pegas para vendernos los billetes y ganarse algo de dinero si consideramos que vamos ¡6 personas! en el avión?
Sí. No es una avionetilla ni un avión tamaño regional. Es uno de tamaño normal. Y sí, sin contar la tripulación, éramos 6.
En la puerta de embarque estuvimos de charla con dos de los pasajeros. Son sirios. Un reverendo anglicano presbiteriano y su mujer. Ya les vimos facturar mucho equipaje y también van bien cargados de equipaje de mano. Resulta que se van a vivir a Detroit, donde “le han destinado” a él.
Los otros dos viajeros son militares.

Después de una hora de vuelo aterrizamos a las afueras de Ammán. Cambiamos euros por dólares jordanos (1 JOD=0.95 €) en el único sitio abierto a estas horas, y hacemos las gestiones para obtener el visado con unos policías muy simpáticos (10 JOD/persona). Aquí no hay nadie más a quien atender.
También somos los únicos esperando el equipaje. El reverendo y esposa andarán en la zona de tránsito, esperando su vuelo a Detroit.

10 minutos. Sale la mochila de Carmen. 20 minutos. Aparece otra maleta. ¿De quién será? 40 minutos. Pregunto en la zona de reclamación de equipajes. Dicen que espere, que van a ir a mirar. Llamamos al hotel para informar de que estamos esperando el equipaje, para que informen a quien nos debe estar esperando fuera.
1 hora. Mi mochila no aparece.
¿Cómo es posible? Sólo volábamos 6 personas y éramos los únicos con equipaje facturado a Ammán. En fin.
Lo cierto es que, teniendo en cuenta que el avión iba vacío, se podían haber ahorrado nuestros trámites de facturación y habernos dejado embarcar con nuestras mochilas. No pesan ni 11 kilos cada una.

El chico que está donde los equipajes dice finalmente que no han encontrado la mochila. Relleno el correspondiente formulario. Pregunto si hay algún tipo de compensación. Me dan una bolsa/kit que contiene una finas chancletas de cartón, un pijama y un pack dental.
Informo del hotel donde nos vamos a alojar para que tengan “el detalle” de hacérmela llegar por la mañana. “Don’t worry, sir. Mañana se la mandamos.”
La maleta que apareció sigue dando vueltas en la cinta de nuestro vuelo, así que alguien más se ha quedado sin parte de su equipaje.

Después de veinte minutos de coche y 14 JOD, casi a la una de la madrugada, llegamos al Mariam Hotel. Nos metemos en la segunda habitación que nos enseña el recepcionista, quien dormía en un colchón en el suelo cuando aparecimos por allí. Pero no te lleve a error. El hotel no es cutre. Está muy bien. Es muy nuevo. El precio: 30 JOD la noche con desayuno tipo buffet incluido.

Hace buena temperatura. Creo que esta noche dormiré en ropa interior. No me apetece ensuciar el bonito pijama del kit royal jordanian.

(to be continued)

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